Receta para la interculturalidad desde Bilbao

Arroces del Mundo, Munduko Arrozak, es una fiesta popular que se celebra desde 2004 en el barrio de San Francisco de Bilbao. Este barrio, separado del centro por el estuario y por las vías del tren, es cuatro veces más denso que el resto de la ciudad; históricamente ha sido estigmatizado como gueto, vinculado a la prostitución y a la immigración, considerado zona marginal y de paso, y últimamente está siendo objeto de un intenso proceso de gentrificación. La fiesta es el resultado de una labor de redes realizado durante años por la Coordinadora de Grupos de Bilbao la Vieja, San Francisco y Zabala, un conjunto de grupos e individuos nacido para incidir en el Plan de Rehabilitación del Ayuntamiento, y ya implicados en proyectos de comunicación social; a través de esta iniciativa no sólo se denuncia la situación de abandono del barrio, sino que también se apuesta por la interculturalidad desde la autogestión. Los organizadores resaltan que, en la fiesta, cuanta más gente participa, menos conflictos e incidentes se verifican: desmintiendo, con la práctica, la paranoia securitaria utilizada para incrementar la presencia policial en el barrio de San Francisco.

Si hay un alimento que represente a la diversidad, este es el arroz. En la última edición de Munduku Arrozaka, el 9 de junio de 2012 en la plaza Corazón de María, hubo 3200 personas inscritas en 111 grupos, a las cuales se sumaron centenares de vecinas y vecinos: La plaza está llena de pancartas, desde los balcones, desde las farolas; el que no madruga no pilla, y desde las 9 de la mañana la gente va tomando sitio, demarcando el espacio y preparando los fuegos y los ingredientes, de forma caótica y alegre. Al mediodía era casi imposible llegar a tu mesa sin pasar por la cocina de otros diez grupos y llevarte otras tantas impresiones de la diversidad de habitantes del barrio. Los aperitivos se amenizan con la Kalejira (pasacalles), que a su vuelta trae mas curiosos a la plaza. Antes de que empiece todo el mundo a comer, los que se apuntaron al concurso de cocina van desfilando con su muestra ante el jurado. Después de la comida, el trajín de la mañana se transforma y el sopor de la sobremesa se combina con la excitación de pequeños grupos que bailan al son de tambores y con la música y bailes desde el escenario que llevan toda la tarde ofreciendo muestras de la variedad de sonidos y movimientos que cuajan los barrios. Ahora “Los Arroces” se ha convertido en un prototipo que es repetido en otras zonas de Euskadi.

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