Idroscalo de Ostia, barrio autoconstruido en el litoral de Roma

La plaza central del Idroscalo de Ostia

Pocos saben que Roma tiene playa. Una larga avenida construida durante el fascismo cruza los campos que hasta el ‘800 eran pantanos deshabitados, y llega a Ostia: una ciudad de más de 200.000 personas, formalmente parte de Roma pero separada de hecho. A la función de representación (la Ostia de Mussolini, de las playas de pago, de los “grandes proyectos” siempre fracasados con que periódicamente se anuncia la recalificación del litoral) se superpone la función de vertedero de los residuos del crecimiento de Roma, los expulsados de la ciudad que conforman las enormes periferias de esta periferia. En los 70 el Ayuntamiento envió a Ostia más de 10,000 personas desalojadas de los barrios espontáneos de la zona Este de la ciudad: los propósitos de dignificar la vida de los “barraquistas” llevaron a la creación de barrios de enorme conflictividad e inconcebible falta de equipamientos. Un km más allá, donde el río Tevere desemboca en el mar, sigue resistiendo el último barrio espontáneo de la capital: el Idroscalo de Ostia, donde italianos, extranjeros, rom, payos, viven en unas 500 casas autoconstruidas, y hace medio siglo luchan para su regularización, contra los intentos de derribo, y para que no se repitan los errores del pasado.

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