Cruzando la capital de la cultura: verano en Marsella

Keny Arkana, cuyo tema "Marseille capitale de la rupture" cuestióna el gran evento de 2013.

Unas notas de los urbanistas Rossella Marchini y Antonello Sotgia sobre Marsella, compartida en Facebook el 11 de agosto de 2016. Y aquí estamos en Marsella. Después de algunos años. Esta vez pensábamos que no tendríamos que arreglar cuentas con las cités (los grande inmuebles residenciales que en los 70 acogieron la gran migración ligada al desarrollo económico de la ciudad). Para nosotr@s, “arreglar cuentas” con cualquier “trozo” de ciudad significa empezar a caminar. Andando, de ida y de vuelta. Con una regla mútua de empleo: “no se hacen fotos ni se discute (esto siempre pasa de forma muy animada, así que quién nos ve pasar nos mira algo preocupado) de lo que estamos viendo”. Esta vez no tendríamos a Izzo para guiarnos; nosotr@s ya vimos las cités, porque fue él a llevarnos. Les cités? “Hay que vivir en ellas, o haber nacido allí, o ser un educador, para llegar hasta estos barrios”. 13923529_1756667341255186_3455642924203917517_oNosotr@s ya llegamos. Ahora queríamos ver los resultados del proyecto Euromediterranée, que, ligado a Marsella capital europea de la cultura 2013, tenía como fin saldar las dos grandes áreas ciudadanas norte y sur a través de un ambicioso proyecto de más de 3.5 billones de euros y la transformación de 480 hectáreas. Con fechas 1995-2020. Qué es lo que pasó, y que está pasando, alrededor de la construcción del nuevo sistema de museos en el frente del mar? Podemos liquidarlo todo con la palabra gentrificación? Este término puede dar la idea, pero sólo parcialmente; porque al caminar, y al hablar con la gente y mirarse alrededor (quizás no sea un método académico, pero nos sirve) te das cuenta que ahora la ciudad no tiene dos espacios individuados por el signo profundo de su puerto. Ahora esa larga mano extendida, con que los griegos excavaron el territorio, tiene un apéndix: un nuevo centro. La unificación espacial se realizó con una nueva adición. Unos nuevos cimientos, finalizados al consumo cultural. Hasta aquí, nada nuevo. Lo que es nuevo es la selección de los usuarios para este consumo: el pueblo de los cruzeros. Aquellos, a parte el mueseo sobre el agua, la visita al castillo, que al tiempo de la revolución sirvió de prisión, el tour hacia Notre Dame de la Garde, tienen ahora a su alcance un imponente sistema comercial hecho de dos elementos. La gran calle excavada en la manga de los docks, que, a parte las tiendas y los cafés, en las plantas superiores acoge casas de lujo, hoteles y oficinas. La gran concentración de tiendas monomarca y maxi centros comerciales. Un largo paseo que se cierra con (podría faltar?) un rascacielo firmado por Zaha Hadid, sede de la potente compañía portuaria. Ya está? No, porque todo alrededor del nuevo proyecto es un enjambre de pisos, casas más o menos altas. Han desaparecido las calles y esa multitud de casas bajas, autoconstruidas en estilo provenzal, habitadas por algunos miles de familias ahora expulsadas, y volvemos al punto de partida, hacia las cités. Pero esto no es el juego de la Oca. Aquí también hay quién la llama “regeneración urbana”. No sólo si has nacido allí puedes entrar en esos barrios; también puede pasar que tu vida sea considerada sobrante para el ladrillo de la finanza, para que te echen en el vertedero de las viviendas. Marsella, capital de la cultura“.

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