Desalojos y ciutadanía en Casablanca

La última semana de septiembre una ola de desalojos se abatió sobre el barrio industrial de Ain Sbaa, periferia norte de Casablanca, Marruecos. Un enorme operativo policial desalojó más de 1300 casas autoconstruidas en el barrio de Douar Wasti, asentado en la zona desde los años Treinta. Los casi 5,000 habitantes habían negociado durante seis meses, pero no se esperaban ser echados a la calle en masa, con francotiradores desde los edificios arriba, y con la promesa de acceder, algun día, a unos lotes de tierra a 30 km de distancia, en la área rural de Hay Hajjaj. Con la importancia que tiene el concepto de hadaría, urbanidad, para los residentes de las ciudades de Marruecos, el riesgo de volver al campo, a una zona rural, representa una ofensa ulterior que se añade a la violencia de desalojo.

Los desalojados de Douar Wasti, juntos con otros vecinos de Ain Sbaa amenazados de desalojo, intentaron organizar una marcha colectiva de protesta, hacia la frontera de Ceuta, dónde querían pedir simbólicamente el asilo político. La preocupación de los medias españoles obtuvo prontamente respuesta por parte de la policía marroquí, que bloqueó la marcha. Luego, el fin de semana siguiente, en las mismas circunstancias, se desalojó otro barrio de la misma zona: Douar Hsibo. De nuevo, 1,200 familias sin techo se acamparon alrededor de los escombros, llenas de rabia y decepción hacia el trato que les reservaron las autoridades. Si a esto se le añade la muerte de una joven de Tetouan, Hayat, por un tiro de la Marina Real, mientras intentaba llegar a las costas españolas, junto con la revuelta ciutadana en el Riff, entendemos la tensión que está sacudiendo el reino norteafricano.

Cómo se ve en este vídeo, que contiene entrevistas e imágenes inéditas, las palabras de los y las desalojad@s muestran como la demolición de la casa implica la puesta en cuestión del estado de derecho y de la nacionalidad. Uno de los eslógans, Acch3ab yurid isqat ljensia, dice precisamente esto: el pueblo quiere renunciar a la ciutadanía. Y este es también el significado de la marcha a Ceuta. El estado, que se legitima a través de metáforas domésticas, que se refieren a la casa y a la família, es seriamente puesto en duda cuándo trahiciona su tarea de proteger las moradas de sus ciudadanos. Toca la casa, y tocarás la afiliación con el estado, con el gobierno, con el derecho y con la ley. El pueblo está aquí – gritan – y el rey, ¿dónde está?

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