Memorias de resistencia: la Flor de Mayo

Lo que permanece: la Flor de Maig, edificado en 1896 y fotografiado en 2013 (foto: José Mansilla).

La historia de Barcelona puede contarse a través de sus transformaciones urbanísticas: de sus Planes de Ordenación, de sus proyectos y obras, en definitiva, de los cambios que se han producido en ellas. Pero también se puede contar a partir de lo que permanece: de aquellos elementos que sobreviven, que subsisten en medio de la vorágine originada en las luchas por el territorio. Algunos elementos – sean parques, plazas, edificios, esquinas – como decían los sociólogos urbanos clásicos, mantienen una identidad, unas relaciones y un significado popular enorme. Es el caso de la Flor de Maig, emblemática sede de una de las grandes cooperativas obreras del siglo XIX y XX, que vehicula la memoria del Poblenou: no una memoria cualquiera, sino la memoria de una resistencia. Desde 2012, algunos vecinos y vecinas del barrio han recuperado sus instalaciones para convertirlas en un espacio de denuncia frente a la definición de Barcelona como ciudad neoliberal o, como dice su web, para “dar respuesta a las necesidades, a los retos y los deseos no satisfechos en la sociedad capitalista actual”. ¿Lo lograrán?

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