La montaña olvidada: geopolítica cotidiana en Sarajevo

Cuando aún había terrazas panorámicas en el Trebeviç. Foto: Camilla de Maffei (2010)

¿Sabes cuándo fue la última vez que subí al Trebević? Febrero ’92. Antes iba todos los fines de semana con mi padre. Nunca más he vuelto. Desde ahí cayeron sobre el techo de mi casa 22 granadas. Ahora lo veo todos los días desde mi ventana y quiero sólo que desaparezca”. Bojan, sarajevita de 30 años.

Los habitantes de Sarajevo (Bosnia-Herzegovina) ya no suben al monte Trebević, aunque la guerra acabó ya hace 15 años; los restaurantes panorámicos están destrozados, el teleférico que conectaba la montaña a la ciudad no ha vuelto a funcionar, y sobretodo hay zonas en qué aún podría haber minas. Pero no es por falta de dinero que las autoridades federales mantienen el Trebević en este estado de «tierra de nadie»: la ciudad dividida conviene a ambos nacionalismos, y una barrera invisible que separe «nosotros» de «ellos» debilita (¡mina!) el proyecto de convivencia postbélico y el sueño de una ciudad que vuelva a ser universal.

Sarajevo. Foto: Camilla de Maffei

Caterina Borelli (GRECS), en estos textos previos a su tesis, esboza una etnografía de la Sarajevo postsocialista y postbélica, con su creciente monoetnicidad y segregación espacial: sus habitantes, sometidos a la presión del mercado y a las nuevas divisiones territoriales, recuerdan con incomodidad a la Sarajevo que fué cosmopolita hasta los años 80, en la cual «bajo el Trebević soñabamos los mismos sueños«.

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